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Discurso de Javier Lambán en el Comité Regional

(21 de marzo de 2015)

Buenos días, amigas y amigos.

Todos los socialistas de España estamos mirando hoy a Andalucía, estamos mirando a los socialistas andaluces y a la compañera  Susana Díaz, de la que esperamos mucho en la jornada electoral decisiva que se va a celebrar mañana  y que va  a ser transcendental no sólo para Andalucía si no para el conjunto del país.  Es evidente que nosotros no podemos votar, no podemos participar  en la votación, nos tenemos que limitar a expresar nuestro deseo de que los dioses del sufragio universal les sean propicios a los socialistas andaluces. Pero nuestro corazón socialista palpita hoy al unísono  con el corazón de los socialistas andaluces, a los que deseamos el mayor de los éxitos.

Yo creo, compañeras y compañeros, que antes de 2011  España necesitaba ya reformas políticas importantes. Ahora bien, el paso del Partido Popular por el Gobierno ha acentuado con mucho esa necesidad de reformas, esa necesidad de cambios. La situación actual en Aragón, por ceñirnos a lo que más directamente nos interesa, es peor, se mire el indicador que se mire,  que la situación que existía en nuestra Comunidad cuando el compañero Marcelino Iglesias dejó el Gobierno.

Se presentó Rudi a las elecciones anunciando la reducción radical  del desempleo, prometiendo que controlaría las cuentas y la deuda, que reformaría profundamente la administración y que regeneraría la política y las instituciones aragonesas.

Hoy, cuatro años después, tenemos la evidencia de que hay más paro, hay más pobreza, hay más desigualdad, somos una de las comunidades con mayor déficit en las cuentas;  una Comunidad que ha duplicado su deuda en cuatro años. Somos, por tanto, una Comunidad que, si toda España necesita cambios, aquí esos cambios son, si cabe, más  imperativos, más urgentes y más necesarios.

Entretanto, al amparo de la crisis, han surgido expresiones política que eran desconocidas en el mapa político español, que no sabemos qué recorrido van a tener hasta que se confronten en las urnas pero que han alterado el debate y la dinámica política del país. De esto no hay ninguna duda. Sin embargo yo tengo la percepción, que se va además viendo  confirmada por las encuestas, yo tengo la impresión de que progresivamente los ciudadanos españoles vuelven a tener la sensación de que la solución de los problemas que tiene el país, de que la solución de los problemas que tiene Aragón sólo puede venir de la mano del Partido Socialista.

Y nosotros, compañeras y compañeros, como hemos hecho a lo largo de toda nuestra historia, tenemos que estar no sólo a la altura de nuestras propias expectativas sino sobre todo a la altura de las expectativas que estamos volviendo a generar en la sociedad española.

Los ciudadanos, desde mi punto de vista, esperan de la política fundamentalmente dos cosas.

Esperan, en primer lugar, una lucha sin cuartel contra la desigualdad,  el principal problema de nuestra sociedad,  que se manifiesta claramente a través del crecimiento exponencial de la pobreza y a través del mantenimiento de unas cifras de paro absolutamente insoportables; dos asuntos que, en consecuencia, se convierten, para nosotros, en las dos principales prioridades de nuestra propuesta: el combate contra la pobreza y el combate contra el paro.

Al fin y al cabo, compañeras y compañeros, si es evidente que el mundo nunca ha sido tan desigual  desde hace 70 años como lo es ahora  y si es evidente que, dentro del mundo, España es uno de los países más desiguales de la Unión Europea,  los socialistas tendremos que entender llegada nuestra oportunidad.

Nacimos justamente para eso, para combatir la desigualdad, para propiciar igualdad, para propiciar justicia social, para propiciar la libertad y tenemos tantos avales en nuestra trayectoria que nos acreditan para ser en este momento quienes resolvamos esos problemas que, repito, tenemos la obligación de estar a la altura de las circunstancias, aunque solo sea por ser consecuentes con nuestra propia historia.

Los ciudadanos esperan también, en segundo lugar, patriotismo; esperan de las fuerzas políticas patriotismo. Esperan, en definitiva, una visión del país que transcienda la puramente ideológica, que transcienda lo puramente partidario porque es evidente que muchos de los problemas que tiene el país no pueden ser solucionados por una sola fuerza política.

Y si alguien ha acreditado patriotismo en la historia contemporánea de España – y hemos estar muy orgullosos de ello- ha sido justamente el Partido Socialista.

Hago este preámbulo, compañeras y compañeros,  porque las candidaturas que hoy se van a someter a la consideración de este Comité Regional van encaminadas en esa dirección, al cumplimiento de estos propósitos y a tratar de alcanzar como sea estos objetivos.  Estoy hablando de tres candidaturas a las Cortes de Aragón, por Zaragoza, por Huesca y por Teruel. Estoy hablando de 67 biografías personales que componen como equipo una declaración de intenciones absolutamente clara de qué es lo que pensamos los socialistas, de qué queremos los socialistas y hasta dónde alcanza el compromiso de los socialistas con su país y con sus gentes para los próximos cuatro años.

Unas candidaturas conformadas por gente experimentada, poca, he de decirlo con satisfacción, pero de capacidad acreditada, porque algún elemento de continuidad tiene que haber para asegurar eficacia institucional, por lo menos al principio del mandato.

Unas candidaturas compuestas básicamente por hombres y mujeres que forman parte por primera vez de una lista y que llegarán por primera vez al ejercicio  de responsabilidades públicas en mayo de este año.

Gentes comprometidas en distintas materias y que entre sí se complementan a la perfección para hacer lo que os acabo de decir, para hacer grandes equipos.

Es una lista -cualquiera lo verá- atravesada de arriba a abajo por hombres y mujeres que van a ser candidatos a las alcaldías de sus respectivos pueblos y ciudades porque si algún compromiso he adquirido, adquiero y adquiriré con la sociedad aragonesa en las próximas semanas es justamente el compromiso de servirla de la mano de los ayuntamientos,  el compromiso con una profunda reforma de la administración  aragonesa  no sólo en el terreno de la arquitectura institucional sino también  en el terreno de la función pública.

Un compromiso que se ha de materializar a través de una asociación virtuosa de esfuerzos políticos entre los municipios aragoneses y el Gobierno de Aragón que aspiro a presidir. Sobre esos dos pilares es sobre lo que se tiene que sustentar  el Aragón de la igualdad y de las oportunidades que tenemos la responsabilidad de construir.

Es asimismo una candidatura que cuenta con la presencia abundante de especialistas en materias clave. Con la presencia de especialistas absolutamente idóneos para hacer creíble  ante la ciudadanía aragonesa  el programa electoral que debatiremos en la Conferencia Política de la semana que viene.

Tenemos en esa candidatura -permitidme citar algunos nombres-  a personas muy comprometidas y expertas en materia de servicios sociales, como Pili Mar Zamora.

A personas  comprometidas y expertas en materia de educación, como Maite Pérez o Margarita Périz.

A personas muy jóvenes de altísima cualificación académica y ya promotoras de iniciativas empresariales en una actividad como la cultura que para mí es prioritaria. Estoy hablando de Darío Villagrasa.

Tenemos a compañeros del mundo de la universidad que para nosotros, para los socialistas, es y será absolutamente fundamental  para la tarea de construir ese Aragón de las oportunidades del que os estoy hablando. Me refiero a profesores universitarios como Florencio García Madrigal,  Fernando Sabés o Ignacio Urquizu.

Me enorgullece la presencia de una cualificadísima representación de otro mundo que nos importa mucho, el de I+D+i, el de la investigación y las nuevas tecnologías, a través de una compañera que seguramente muchos los aquí presentes conozcáis menos que otros que acabo de nombrar. Me refiero a Isabel García Muñoz, ingeniera de telecomunicaciones e investigadora y responsable en uno de los institutos universitarios de investigación.

Tenemos a Fernando Gimeno, que, lo digo sin reticencias, es uno de los hombres más valiosos que tiene el socialismo aragonés y al que agradezco mucho que haya aceptado estar en esta candidatura.

Tenemos al frente de las candidaturas de Huesca y de Teruel a compañeros de una altísima calidad política y humana. Estoy refiriéndome a Antonio Cosculluela y a Vicente Guillén.

Si alguien merece repetir es el portavoz del Grupo Parlamentario, Javier Sada, que en estos cuatro años y después del trauma que supuso pasar abruptamente del gobierno a la oposición ha sabido articular rápida y eficazmente las energías y capacidades del grupo para orquestar una magnífica oposición al gobierno de Luisa Fernanda Rudi

Y contamos con la presencia de Pilar Alegría,  una mujer con una acreditada capacidad política y con reconocimiento social y que resultará absolutamente clave para asegurar  que en la próxima etapa de gobierno  que vamos a tener que ejercer en los próximos cuatro años la relación entre el Partido y el propio Gobierno se produzca en términos satisfactorios.

Pero hablaba antes, compañeras y compañeros, hablaba antes de patriotismo y de asumir una responsabilidad histórica que vaya más allá de lo puramente partidario e ideológico, que es lo que hace más grande, si cabe, la misión que a nosotros mismos nos tenemos que encomendar,  porque estoy seguro que es la misión que la ciudadanía nos va a encomendar.

Eso significa que tenemos que asumir la responsabilidad de construir un edificio nuevo pero sobre los mismo pilares sobre los que se han construido los mejores años de la historia de este país, los últimos 30 años, es decir, reformando pero sin rupturas traumáticas.

Significa formular una nueva propuesta para la sociedad y para el país recuperando, no desechando, recuperando lo mejor de nuestra tradición y de nuestra historia reciente.

Significa, compañeras y compañeros, reformar a fondo la arquitectura institucional del país, la federal, la autonómica y la local; significa poner en pie un nuevo modelo fiscal que haga más justa la distribución de la riqueza y que garantice la sostenibilidad del Estado del Bienestar. Y significa cambiar de arriba a abajo el modelo productivo para hacer de España un país realmente competitivo en el mundo global en el que nos toca vivir.

Pero hemos de hacer todo eso no renegando de la Transición ni de las pautas que siguió nuestra democracia al principio de su andadura, no renegando sino haciendo justamente lo contrario: afirmándonos en los valores y en el espíritu de esa Transición, afirmándonos en los valores y en el espíritu de los primeros gobiernos que tuvo Aragón y que tuvo España. Recuperando, en definitiva, el espíritu y el talante de aquel tiempo y de aquellos hombres y de aquellas mujeres; recordando  en qué consistió la tarea del primer gobierno socialistas de la Comunidad Autónoma en 1983; el que puso en pie los servicios sociales y convirtió ya entonces a nuestra Comunidad en referencia en esa delicada y socialista materia que son las políticas sociales; el que le imprimió un fortísimo carácter reformista a su gestión con leyes como la del Banco de Tierras, que era socialismo y redistribución pura;  o el gobierno que  puso en pie el edificio autonómico y que, sin alardear de ello, era capaz de administrar las cuentas mucho mejor que esta autoproclamada experta y a la postres desastrosa gestora de la Hacienda pública que es la señora Rudi.

Y era también un Gobierno, compañeras y compañeros, era la generación que dirigía el partido en aquella época, eran hombres y mujeres que tenían un irrenunciable propósito, una irrenunciable ansia de organización federal  del país que en aquel momento, por decirlo de alguna forma, no formaba parte de la prioridades políticas del Partido Socialista de Felipe y de Guerra.

Os hablaba, en fin, de algo  que va más allá de lo puramente ideológico, insisto, y que por aceptarlo como prioridad nuestra nos engrandece; os hablaba de hacer entre todos, a través de grandes acuerdos sociales y políticos -porque la próxima legislatura es un legislatura de grandes acuerdos sociales  y políticos- una reforma radical de la política y de Aragón como proyecto de país.

Os hablaba, compañeras y compañeros, de que nos repensemos para que el futuro que construyamos se parezca lo más posible a lo que queremos nosotros que sea ese futuro y a lo que nosotros queremos ser en ese futuro.

Os hablaba de repensar Aragón en torno a lo que queremos ser y en torno a cómo queremos que nos vean; os hablaba de repensar Aragón de arriba a abajo sobre cómo  queremos estar participando en esa gran empresa política que es España, cómo queremos participar en la gobernanza futura del Estado, en esa España federal  que queremos construir reformando la Constitución.

Y os hablaba de repensar de arriba a abajo todas nuestras estrategias como país; repensarnos, en definitiva, pero hacerlo con la honradez, con la capacidad de innovación política y con el aragonesismo que inspiró a la generación de Santiago Marraco que es para mí una referencia.

Por eso justamente es por lo que he querido, y ellos han aceptado mi invitación, que la lista de Zaragoza la cerraran los compañeros Santiago Marraco, Alfredo Arola que fue un consejero de aquél Gobierno y Ángela Abós que desde el punto de vista de lo que ha significado la aportación de la mujeres a la historia del socialismo aragonés ha sido un ejemplo vivo de honradez, de coherencia política y personal y de capacidad para expresar públicamente el pensamiento socialista de una manera, repito, absolutamente  magistral.

Aragón  es una tierra de grandes potencialidades. No es retórico lo que digo. Forma parte de una convicción muy arraigada que tenía hace  años pero que en mi etapa como candidato a la presidencia del gobierno de los último meses he visto refrendada  por encuentros con hombres y mujeres de distintas competencias y saberes que me han parecido absolutamente admirables y que han asentado mi seguridad sobre el papel que puede jugar Aragón en España si somos capaces de liberar el talento inmenso que acumula la sociedad aragonesa, muy superior, en términos relativos, a nuestro peso demográfico.

Aragón es por tanto tierra de grandes potencialidades. Pero hoy, hay que reconocerlo, como consecuencia de las políticas del Partido Popular, pasa por un mal momento.

Pues bien, yo aspiro a que Aragón vuelva a funcionar;  yo quiero que Aragón vuelva a ser tierra de hombres y mujeres libres e iguales; yo quiero que Aragón se lea en España como sinónimo de derechos sociales, económicos y civiles, como sinónimo de oportunidades.

Yo quiero -y esa será un prioridad de nuestro Gobierno- que vuelvan a Aragón en los próximos años todos los jóvenes talentosos y preparados que por no tener oportunidades aquí  han tenido que emigrar fuera.

Yo quiero, en definitiva, que volvamos a ser una referencia en España como los éramos hasta hace algunos años  y estoy convencido, compañeras y compañeros, de que las candidaturas que vamos a debatir  hoy pueden contribuir decisivamente a ello.

Por eso os pido que las apoyéis.

Primero, porque están compuestas por hombres y por mujeres que van a defender con mucha credibilidad por el territorio el programa electoral con el que concurrimos a las elecciones.

Segundo, porque su calidad política, humana, su calidad personal  es de tal envergadura que van a ser capaces de conseguir que los ciudadanos, mirándoles a los ojos, vuelvan a confiar en el Partido Socialista.

Y tercero, porque estas de estas candidaturas que vamos a aprobar hoy saldrá el grupo parlamentario que dará soporte al próximo Gobierno de Aragón.

Muchas gracias

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Javier Lambán Comité Regional

Intervención de Javier Lambán en el Comité Regional del PSOE

(31 de octubre de 2014)

 

 Queridos amigas y amigos:

Buenas tardes y muchas gracias por vuestra asistencia a este Comité Regional que celebramos cien días después de la elección de Pedro Sánchez como Secretario General. Desde entonces han ocurrido muchas cosas. Empezaré por señalar dos asuntos que, como es tan vertiginosa la sucesión de los acontecimientos políticos en España, prácticamente los hemos olvidado, a pesar de que en su momento nos preocuparon mucho.

Me refiero a la renuncia del Gobierno de Rajoy a seguir adelante con dos proyectos que el Partido Socialista combatió de una manera particularmente intensa: la ley antiabortista de Gallardón, que le costó el puesto al propio ministro, o el cambio en el sistema de elección de los alcaldes, una propuesta que era ventajista, inoportuna y nada democrática y que el Partido Popular, como consecuencia de una presión ciudadana, social y política encabezada por el Partido Socialista, se ha visto obligado a retirar también.

No obstante muchos obstáculos siguen todavía sin superarse y nos impiden avanzar a la velocidad que quisiéramos para perfilarnos como una alternativa sólida, como una alternativa indiscutible al Partido Popular.

Estamos inmersos en una crisis económica que aún no ha terminado de dar sus últimos coletazos, que me temo que seguirá dando coletazos durante mucho tiempo y los ciudadanos  todavía nos relacionan con el origen de la misma.

Estamos inmersos en una crisis territorial que a partir del próximo 9 de noviembre, puede hacer tambalear las estructuras mismas del Estado. Y lo cierto es, compañeras y compañeros, que algo tuvimos que ver en su día en el destape de esa caja de  truenos.

Por último estamos inmersos en una crisis política gravísima, con unos políticos y unas instituciones totalmente desacreditados como consecuencia de la corrupción y de la ineficacia demostrada por la política para prevenir y combatir los efectos de la crisis económica.

La corrupción, un fenómeno que venimos experimentando desde hace algunos años y que los ciudadanos ya no soportan más, ha dado lugar en las últimas semanas a  episodios particularmente descorazonadores: las tarjetas de Bankia, la llamada operación Púnica, Gürtel, Bárcenas, episodios todos ellos que afectan al Partido Popular, un partido que está corroído por la corrupción de manera generalizada, de manera estructural, aunque no podemos ni debemos olvidar que ese fenómenos, de una forma u otra, nos afecta prácticamente a todas las fuerzas políticas y a otros muchos agentes y sectores de la sociedad.

La otra gran causa de la desafección ciudadana hacia la política es la ineficacia. Los ciudadanos han sentido que el Partido Socialista, cuando gobernó, no tomó las medidas necesarias para evitar que en el futuro se produjeran –por ejemplo-  situaciones como los desahucios. Los ciudadanos están indignados ante el hecho de que el rescate de la banca se esté haciendo a costa del erario público, a costa de los bolsillos de los ciudadanos sin que los auténticos autores del desaguisado estén asumiendo ninguna responsabilidad ni estén pagando por lo que han hecho. Los ciudadanos sienten, en definitiva, que a lo largo de la crisis han sido estafados y lo cierto es que aún no nos han perdonado a nosotros, aún no nos han perdonando a los socialistas la parte alícuota de culpa que ellos consideran que hemos tenido en ello.

Como consecuencia de todo ello, compañeras y compañeros, se está produciendo una alteración sustancial del mapa electoral, se está produciendo una especie de seísmo en la estructura socioelectoral de este país, cuyo alcance en este momento es imposible de predecir y de medir, es difícil de adivinar. Veremos en las próximas fechas encuestas que serán malas para nosotros; no dejaremos de ver  otras que serán menos malas. Ahora mismo, desde mi punto de vista, ninguna es demasiado fiable, ninguna es demasiado creíble. Pero lo que a estas alturas parece absolutamente claro e irrefutable es que el panorama electoral se está moviendo en este país. Baja sustancialmente el Partido Popular, no crecemos nosotros e irrumpe con mucha fuerza Podemos, una fuerza que no se define a sí misma ni de izquierda ni de derecha; una fuerza con una dirección unipersonal, carismática y cuasi mesiánica; incompatible por su forma y por su fondo con el modelo de la democracia europea,  pero que está atrayendo votos procedentes de todos los partidos: del Partido Popular,  de Izquierda Unida y, sobre todo, del Partido Socialista.

La pregunta que nos hacemos desde hace tiempo y que por la cuenta que nos trae tenemos que tratar de responder cuanto antes es cómo relacionarnos con este nuevo fenómeno político. Y la primera respuesta que le doy a esa pregunta es que, contra viento y marea, debemos resistir cualquier tentación de imitarlos. Podemos estar de acuerdo en el diagnóstico que hacen de la situación porque coincide en gran medida con lo que piensan los ciudadanos pero no podemos estar de acuerdo ni con las fórmulas organizativas que adoptan ni mucho menos con las soluciones que dan para esos problemas.

Nosotros, compañeras y compañeros, no tenemos que tratar de parecernos a Podemos. Tenemos que parecernos a nosotros mismos, volviendo a ser lo que fuimos antes de incurrir en algún tipo de traición, permitidme la expresión, a nuestros propios principios.

El populismo, lo ha demostrado el presidente del Gobierno de Italia Mateo Renzi, se combate  con reformas profundas. El sistema, lo que Podemos llama “Sistema  de 1978”, ha funcionado razonablemente bien y nos ha proporcionado la etapa de democracia y de bienestar más larga de nuestra historia. Hay que reformarlo,  hay que reformarlo en profundidad para que siga funcionando. Pero lo que no podemos hacer es destruirlo para sustituirlo por otro desconocido, por otro sistema que sus promotores, los promotores de la sustitución, o desconocen en qué consiste o simplemente no se atreven a decirlo para no asustar al electorado que intentan seducir.

¿Cómo tenemos que relacionarnos con Podemos? Esa es la gran pregunta y la respuesta debe ser ante todo respetuosa. Cualquier fuerza política se merece un respeto pero a continuación hay que decir que cualquier fuerza que baja a la arena política debe aprestarse a recibir críticas, debe aprestarse a encajar democráticamente los juicios que les merezca al resto de las fuerzas políticas. Ninguna, cuando participa en la contienda política, puede reclamar impunidad para sí y, desde luego, yo no renunciaré a llamar a las cosas por su nombre en relación con el Partido Popular, conPodemos o con cualquier otra fuerza política y, no renunciaré a recordarles a los ciudadanos lo que fue en el siglo XX el populismo de izquierdas o de derechas, que viene a ser lo mismo, las ilusiones que despertó y las trágicas frustraciones que trajo después. Eso forma parte, compañeras y compañeros, de la historia reciente de Europa y, por responsabilidad, yo no dejaré de recordarlo.

Lo que está absolutamente claro, lo que resulta evidente es que estamos inmersos en una situación de emergencia nacional como seguramente no hemos conocido ninguno de los aquí presentes. Estamos en una situación de riesgo de colapso del sistema en su conjunto y nunca, compañeras y compañeros, nunca han sido tan necesarias, nunca han sido tan urgentes medidas y reformas de calado, de profundidad y de largo alcance para reformar en profundidad ese sistema, por supuesto, pero para salvar un modelo de convivencia que en lo sustancial ha funcionado bien -como os decía antes- y que nos homologa a la parte más avanzada social y democráticamente del mundo, que es la Unión Europea.

Pero el impulso de esas reformas que necesita el país exige, en primer lugar, que quienes las impulsen tengan una legitimidad incuestionable para ello. Sin asumir responsabilidades políticas por lo ocurrido no es posible seguir adelante. Y eso significa, desde mi punto de vista, que un responsable político que ha estado muy cerca del origen y de los personajes protagonistas de muchos de los casos de  corrupción que en este momento escandalizan al país, con episodios como su apoyo indisimulado a Bárcenas una vez destapado el escándalo del tesorero, eso significa que el Presidente del Gobierno debería presentar su dimisión, dando paso a otro presidente salido de la actual mayoría parlamentaria que acometiera con el resto de las fuerzas parlamentarias, de manera urgente y contundente, el impulso regenerador que exige el país.

Esa es la tarea común que tiene que proponerse la política española y esa es, compañeras y compañeros, la tarea en la que está empeñado hasta el fondo el compañero Pedro Sánchez. Está proponiendo una política económica nueva, una reforma fiscal en profundidad. Pero, para el asunto que nos ocupa, está proponiendo una reforma constitucional, para hacer frente a la crisis territorial, blindar el estado de bienestar y fortalecer la democracia; está proponiendo un ambicioso elenco de medidas para atajar la corrupción. Está defendiéndolas con entusiasmo, con pasión, con inteligencia y, aunque hasta ahora el Partido Popular no ha entrado a ninguno de esos debates, Sánchez está perseverando porque sabe que tiene razón y porque, en el fondo, es cada vez más compartida la opinión de que las soluciones del país van en esa dirección.

Pedro Sánchez, compañeras y compañeros, cuenta con todo mi apoyo. Cada día tengo más claro que el Partido Socialista, que la federación aragonesa en particular, acertó apostando por él en las primarias que celebramos el pasado mes de julio. Hemos de darle tiempo porque una crisis de la gravedad y profundidad por la que atraviesa España no se soluciona en cien días. Pero estoy absolutamente convencido de que, si tiene el apoyo cerrado del partido, su proyecto se abrirá paso y permitirá que el PSOE se perfile de una vez por todas como la alternativa a la derecha que necesita el país.

Por lo que se refiere a nuestra comunidad autónoma, compañeras y compañeros, empezaré por decir queAragón es más pobre, es más desigual, es menos libre y está peor gobernado que hace tres años. Esa es la conclusión a la que se llega a la vista de las cifras que están al alcance de cualquiera de nosotros.

Somos una comunidad más desigual y más pobre; el 22% de los aragoneses viven por debajo del umbral de la pobreza, el 27% de los menores aragoneses están en riesgo de exclusión; 35.000 hogares aragoneses tienen a todos sus miembros en paro; el 45,5% de los parados no cobran ninguna ayuda, no cobran ningún subsidio. Son cifras estremecedoras; soportarlas con resignación es incompatible con la esencia de nuestro partido, es incompatible con la razón de ser de un socialista.

Asistimos a un deterioro del empleo, hay más parados inscritos que cuando Marcelino dejó el gobierno, se han destruido miles de puestos de trabajo y los pocos empleos que se crean son tan precarios y tan mal pagados que muchos de los que los ocupan no superan los umbrales de la pobreza.

Asistimos -y es denunciado permanentemente en los medios de comunicación-  a un deterioro severo de los servicios públicos. Hay 2.000 maestros menos que cuando Rudi llegó al Gobierno; las listas de espera se han multiplicado por 10. Tenemos además un Gobierno técnicamente pésimo, un Gobierno que, frente a la idea de magnífica gestora con la que Rudi se presentó a las elecciones, está arruinando literalmente a la Hacienda pública aragonesa; no cumplimos el déficit del año pasado, este año tampoco lo vamos a cumplir; la deuda se ha duplicado generándose una carga sobre las espaldas de los aragoneses y unas limitaciones para el ejercicio del gobierno a quienes sucedan al Partido Popular difícilmente conllevables. Además, en lo que a falta de capacidad y a incompetencia se refiere,  si algo nos faltaba para verificarlas en la señora Rudi y su gobierno, hemos visto cómo ha manejado un asunto como el del  lindano, que ha tenido durante varias semanas a seis municipios ribereños del río Gállego bebiendo agua sin que nadie les advirtiera de que estaba contaminada.

Por eso, dar por superada la crisis, como hace la presidenta del Gobierno de Aragón, es tanto  como invitar a los ciudadanos a resignarse, a acomodarse a una especie de desastre crónico y eso, compañeras y compañeros, es algo que nosotros no podemos aceptar.

En este momento nuestra responsabilidad específica como socialistas aragoneses es reconstruir Aragón a partir de los destrozos que ha ocasionado el PP. Pero para ello es absolutamente imprescindible regenerar la política. Ese es, compañeras y compañeros, dicho en pocas palabras, es el lema de lo que debe ser nuestro proyecto en los próximos meses: regenerar la política para reconstruir Aragón. Y para ello debemos demostrar más audacia reformista que nunca, sin ambigüedades, sin medias tintas, adquiriendo compromisos claros, veraces y verificables con la ciudadanía.

Y he de deciros, por daros alguna buena noticia esta tarde,  he de deciros que existen en este momento muchas iniciativas puestas en marcha por parte de la organización socialista en Aragón, a alguna de las cuales me voy a referir a continuación aunque sea brevemente.

Los socialistas, compañeras y compañeros, nacimos, llegamos a la historia de España en el último tercio del siglo XIX para que el mundo, para que nuestro país transitara por el camino de dos grandes anhelos, de dos luminosos horizontes, el de la igualdad y el de libertad. Por eso nuestra primera aspiración, la primera de todas, ha de ser hacer deAragón un espacio privilegiado de igualdad y de libertad.

Aragón, después de los destrozos del Partido Popular, ha de volver a ser otra vez espacio de igualdad, no solo social si no también territorial, espacio geográfico en el que los hombres y las mujeres tengan derechos iguales independientemente  de la cuna o del pueblo en que nazcan.

Pero Aragón, compañeras y compañeros, ha de ser también sinónimo de libertad; espacio de hombres y mujeres libres, de buenos ciudadanos, que sean intransigentes con la corrupción y con los malos gobiernos y que se conviertan en una poderosa opinión pública, en una barrera infranqueable para la corrupción y los malos gobiernos.

Para ese objetivo de hacer un Aragón más igualitario y más libre hemos de afrontar tres grandes prioridades: el combate contra la pobreza y la desigualdad, el combate contra el desempleo y la reconstrucción de los servicios públicos. Y he de deciros que, entre otras propuestas que no van a esperar a la formulación del programa electoral para ser dadas a conocer a la opinión pública aragonesa, en los próximos días presentaremos en las Cortes una Proposición de Ley de medidas extraordinarias para el fomento de la inclusión social que viene a culminar otras que hemos ido presentando a lo largo de la legislatura como la renta social básica, deudores hipotecarios, pobreza energética o garantía alimentaria.

Por otra parte, la educación es para mí sinónimo de socialismo; es el factor fundamental para garantizar la igualdad de oportunidades. Pero no solo es eso: es también el factor fundamental para el desarrollo moderno y competitivo de la economía. Es además el factor fundamental para ordenar nuestra convivencia sobre valores cívicos y democráticos, a través de asignaturas como la educación para la ciudadanía que es seguramente el mejor antídoto contra la corrupción a medio y largo plazo.

En el modelo educativo de un país está el germen del modelo mismo de país y, como ese empeño corresponde al cuerpo social entero y no a una fuerza política en particular, hace cinco días presentábamos con la compañera Mayte Pérez un documento consensuado con toda la comunidad educativa que queremos que sirva de base para un gran Pacto para la educación en Aragón y que constituirá –ya lo anuncio- una de las propuestas esenciales fundamentales de nuestro programa electoral.

Así pues, reconstruir Aragón es recuperarlo como espacio de igualdad y de libertad a partir de políticas sociales, de políticas educativas, de políticas de empleo. Es reconstruirlo como espacio preferencial para un Estado del Bienestar moderno y sostenible; de un Estado del Bienestar homologable plenamente al del mundo europeo al que pertenecemos.

Pero reconstruir Aragón, compañeras y compañeros, requiere el encaje en un modelo claro de país que permita a la sociedad aragonesa desplegar sus enormes potencialidades. Por eso debemos impulsar -y ese será el segundo soporte fundamental de nuestro proyecto político-, hemos de concebir un futuro de Aragón en tres dimensiones básicas: en la dimensión municipal, en la dimensión civil y  en la dimensión federal, un Aragón con un fuerte componente municipal, civil y federal.

Hemos de impulsar, compañeras y compañeros, -y lo digo delante de los muchos alcaldes y concejales que forman este Comité Regional-, hemos de impulsar el Aragón de las ciudades y de los municipios. Yo estoy convencido de que Aragón respira cívica y políticamente con fuerzas de gigante cuando lo hace a través de los ayuntamientos, a través de los alcaldes y concejales. Por eso, necesitamos alcaldes y alcaldesas poderosos política y financieramente; que no estén sometidos a la tutela de diputaciones provinciales ni de comarcas ni de gobiernos y que tengan capacidad de decisión real sobre el acontecer de su municipio. Y en ese sentido, os anuncio que dentro de pocos días, de manera concertada con los compañeros de Huesca, de Teruel y de Zaragoza, vamos a presentar una alternativa total a la Ley de Distribución de Competencias que han llevado a las Cortes el PP y el PAR, un modelo socialista de arquitectura institucional para sostener ese Aragón solidario, para sostener ese Aragón igualitario y libre del que os acabo de hablar.

En segundo lugar hemos de impulsar el Aragón del talento, del talento de la empresa, del talento del trabajo, del talento de la cultura y de la investigación. Hemos de reducir el peso de los partidos políticos en la ordenación del interés general de la comunidad, arbitrando medidas para descolonizar progresivamente las instituciones y eliminando de esa manera trabas para el desarrollo pleno de la sociedad, para el desarrollo pleno del Aragón civil.

Esto nos permitirá desarrollar en España una función superior a la del peso demográfico que tenemos. Yo estoy convencido de que el talento de la sociedad aragonesa en sentido amplio, ese Aragón civil del que hablo, tienen un peso específico relativo superior al que no da en España el número de habitantes.

Y hemos de jugar a fondo esa posibilidad para impulsar el Aragón federal; un Aragón que, en vísperas de que inevitablemente se acabe reformando la Constitución para solucionar el gravísimo problema territorial que tenemos, ha de estar dispuesto a reubicarse en España, a revisar el papel que ha jugado tradicionalmente en España desde unaragonesismo de nuevo cuño, no historicista, no basado en derechos históricos porque la Historia no concede derechos, sino constituido sobre una adecuada puesta en valor de las potencialidades actuales de la Comunidad.

Pero esto, compañeras y compañeros, permitidme mi insistencia en que os diga que esto será absolutamente imposible si no regeneramos previamente la política.

Un proyecto nuevo será imposible sin que los políticos asuman a fondo la dimensión de ejemplaridad que tiene el cargo público. Sin políticos -me lo habéis oído decir muchas veces- que prediquen con el ejemplo personal de los valores que defienden, que sean sobrios y decentes en su vida pública y en su vida privada, que renuncien desde ahora mismo, si es que los tienen, a los privilegios derivados del cargo, que reciban retribuciones que no escandalicen a los ciudadanos; en definitiva que entiendan la política como servicio público y nunca como vía de acceso a los escalafones altos de la pirámide social.

Reconstruir Aragón, compañeras y compañeros, será imposible sin esa renovada ejemplaridad de los políticos pero será también imposible sin grandes reformas que hagan posible esa regeneración democrática que en este momento están exigiendo de forma clamorosa la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país.

Es verdad que las reformas más importantes en materia de regeneración democrática han de emprender en el ámbito nacional, en las Cortes Generales. Hablamos de una reforma en profundidad del Código Penal y de la Administración de Justicia; de reformas en profundidad de la Ley de Partidos y de la Ley Electoral. Pero también existe un margen para que ese tipo de reformas, para que este impulso regenerador se produzca en el ámbito regional.

En este momento, compañeras y compañeros, puede consultarse en la página web del PSOE-Aragón un documento muy importante para la regeneración democrática en Aragón, que está sometido a debate y que está recibiendo muchas propuestas a través de las redes  y también en diferentes asambleas abiertas que hemos celebrado en Zaragoza, Huesca y Teruel.

Algunas medidas que se proponen son para que se apliquen ya en el ámbito del partido o en ámbito de las instituciones en las que gobernamos. Todos los cargos públicos socialistas hemos publicado ya nuestra renta, patrimonio e intereses y  sería bueno que allí en donde se perciban sueldos que se alejan de una cantidad razonable, esos sueldos se revisaran ya; sería bueno renunciar a protocolos y a servicios personales innecesarios; sería bueno que los procesos de contrataciones de obras y servicios se homologaran a los que recomienda la Cámara de Cuentas, con publicación del expediente de contratación desde el principio y de toda la evolución del mismo, pues ahí, en las relaciones entre los proveedores de la administración y los políticos y los funcionarios es donde se han localizado las causas de la mayoría de los casos de corrupción que se han producido en España. Es bueno –porque ya lo hacemos- publicar las cuentas y los presupuestos del partido.

Como he dicho, se está produciendo mucha participación en ese debate. El resultado final se trasladará íntegro a nuestro programa electoral y, por supuesto, todas ellas estamos en disposición de aportarlas a cualquier foro o a cualquier ámbito de discusión al que seamos invitados para hacer avances en esta materia.

En ese sentido, quiero tranquilizaros porque vamos por delante de los demás. No hemos hecho en ningún momento dejación de nuestra responsabilidad. Vamos a ir, ahora y siempre, por delante de los demás en esta materia y vamos a ser pioneros no solo en la propuesta que hagamos en las elecciones de 2015 sino también en la aplicación inmediata de medidas.

Sin embargo, compañeras y compañeros, es tan grave, es de tal  calado la crisis en la que nos hallamos inmersos que entiendo que debemos dar un paso más, que debemos ir más allá.

Hasta ahora la corrupción ha sido utilizada como arma arrojadiza de unos partidos contra otros, danto un espectáculo penoso a los ciudadanos: los unos nos negamos legitimidad a los otros a la hora de liderar la regeneración democrática hasta el punto que en este momento ningún gobierno tiene el reconocimiento de la oposición para gestionar un gran pacto cuya conveniencia nadie niega por otra parte.

En el caso de Aragón,  si realmente queremos acometerla en serio, la regeneración democrática hemos de entenderla como un empeño común, como resultado de un fuerte impulso de la sociedad aragonesa en su conjunto. Y, en ese sentido, vamos a proponer la semana que viene que una institución plenamente aragonesa y estatutaria como es la del Justicia coordine la elaboración de un libro blanco de medidas para la regeneración de la democracia aragonesa en el que participen las fuerzas políticas, las fuerzas sociales y la Universidad y que sirva como base al gobernante y al legislador en para encauzar al país por la senda de la limpieza democrática.

Compañeras y compañeros, vivimos un momento crucial, vivimos un momento crítico de la historia de España. No es tiempo, permitidme que utilice esta expresión, no es tiempo de somardas, un espécimen antropológico aragonés que debería pasar definitivamente a la historia.

Es tiempo de mujeres y hombres audaces, de hombres y mujeres éticamente virtuosos. Es tiempo de audaces, compañeras y compañeros, no es tiempo de especuladores electorales. Es tiempo de personas comprometidas y con altura de miras. Por eso yo os voy a pedir a los responsables orgánicos de Zaragoza, de Huesca y de Teruel ayuda para poder hacer entre todos las mejores listas electorales. Os voy a pedir que seáis generosos y propongáis a los hombres y mujeres más idóneos para conectar con la sociedad, para encarnar el mensaje que queremos enviar a los ciudadanos y para desempeñar de manera satisfactoria las responsabilidades que les encomendemos.

España, y Aragón, compañeras y compañeros, necesitan reformas profundas y urgentes, de calado y de transcendencia histórica.

Y yo me niego rotundamente a aceptar que esas reformas tengan que impulsarlas fuerzas políticas que tratan de embarcarnos en aventuras absolutamente inciertas, pues lo pilotos de esas naves políticas o no saben a dónde van o ni siquiera se atreven a explicárnoslo.

Frances Perkins, una mujer que fue ministra de trabajo del presidente Roosevelt,  hacía levantarse a las seis de la mañana a sus compañeros demócratas de gabinete para que fueran a ver con sus propios ojos la entrada y salida de las fábricas, a comprobar las horas que trabajaban aquellos hombres y mujeres americanos en plena Gran Depresión, a que abrieran los sobres de la paga semanal y vieran las miserables cantidades que contenían, a  visitar los barrios más afectados por el paro y a comprobar cómo se amanecía en los hogares de las víctimas de la crisis de 1929.

En nuestras ciudades, compañeras y compañeros, sobre todo en Zaragoza, se producen cada vez más situaciones de esa naturaleza. Estaría bien que los visitásemos para sacar las conclusiones correspondientes.

Hemos de escuchar, compañeras y compañeros, hemos de tomar conciencia real de lo que pasa. Nuestro puesto está con los nuestros, con los que tienen dificultades para llegar a final de mes y con los que ni siquiera pueden empezar el mes. Nuestro hábitat no son los restaurantes de cinco tenedores; nuestro hábitat, compañeras y compañeros, son las asambleas locales a las debemos dinamizar y reunir casi de forma constante.

Compañeras y compañeros, como candidato a la presidencia del Gobierno de Aragón, me siento capaz de impulsar y de liderar esas reformas. Estoy absolutamente convencido que este Partido, el Partido Socialista Obrero Español, es capaz de liderar esas reformas, de que tiene más legitimidad que nadie para hacerlas y además  quiere hacerlas.

Hemos de dar ya, compañeras y compañeros, un paso al frente y hemos de darlo sin ningún tipo de complejo y mucho menos ante mesías de derechas o de izquierdas que prometen a las gentes paraísos que no existen. Hemos de estar orgullosos de que los principales episodios de libertad y de igualdad en la reciente historia de España los hayamos protagonizado los socialistas. Pero hemos de tener la convicción de que no podemos vivir del pasado, de que tenemos que abrir un tiempo nuevo con un proyecto radicalmente nuevo.

A lo largo de nuestra historia, compañeras y compañeros, en los 130 años de historia que tiene nuestro partido tras de sí, el PSOE ha atravesado por muchas vicisitudes.

Ha atravesado por muchas vicisitudes negativas asociadas siempre al inmovilismo, al radicalismo, a la división, en definitiva a la traición de sus propios principios.

Y ha atravesado también por vicisitudes positivas asociadas siempre, compañeras y compañeros, a la ambición reformista, a la democracia y a la cohesión interna. En definitiva a la afirmación rotunda de nuestros principios fundacionales.

Si mantenemos ese rumbo, compañeras y compañeros, llegaremos los primeros a la meta.

Yo no prometo, sería una estupidez por mi parte, yo no prometo un camino de rosas. Vamos a pasar por dificultades, por contratiempos. Vamos a tener  contrariedades de toda índole, momentos de desaliento. Pero os aseguro solemnemente, compañeras y compañeros, que si mantenemos el rumbo, si no desfallecemos, en mayo de 2015 seremos los primeros en llegar a la meta. Ya lo veréis.

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